Guardiola, sin miedo

“Es el momento de demostrar lo buenos que somos. Quiero que mis futbolistas, en el partido del año, piensen que son muy guapos, que son privilegiados, que todos los miran. Mi única inquietud es que sean valientes, y lo van a ser. No hay miedo, lo dejaremos en el vestuario” (antes de la final de Roma) (26/5/2009)

Josep Guardiola ha triunfado, entre otros motivos, porque ha hecho lo que la mayoría de dirigentes políticos, sociales y económicos no quieren hacer casi nunca: desafiar sin manías la posibilidad del fracaso para poder actuar con libertad. He ahí el gran secreto del juego audaz, creativo y original del que ha sido triunfante entrenador del Barça. Él lo dijo claramente: «No hay miedo, lo dejaremos en el vestuario».

En realidad, Guardiola quería decir que el miedo había sido dominado de manera madura y racional para poder practicar así un fútbol grandioso, ofensivo, espectacular y brillante. El fútbol libérrimo de su equipo es fruto de la ausencia de miedo sobre el césped, que no debe confundirse con temeridad. Los jugadores de Pep no han perdido nunca el respeto a los rivales, pero han asumido el riesgo de cara, mientras otros se cerraban miedosos, inseguros y bloqueados.

La libertad es el dominio sobre el miedo. En su justa proporción, el miedo nos ayuda a sobrevivir porque nos mantiene alerta, pero un exceso de miedo nos paraliza y nos hace renunciar al sueño a la vez que impide disfrutar. Fijémonos en los políticos hoy en Europa: muchos no se atreven a explicar claramente las duras reformas que impulsan y tratan de disimular, todo por miedo de perder las elecciones. A varios gobernantes les cuesta tomar decisiones y argumentarlas porque no soportan imaginarse fuera del poder, su falta de coraje nace de aquí. No quieren admitir que sólo están de paso. Todo lo contrario del punto de partida de Pep Guardiola. Al tomar conciencia de su caducidad, el de Santpedor ha imaginado un fútbol liberado del temor a dejar de ser el entrenador del primer equipo del Futbol Club Barcelona. Es la libertad de quien no se aferra al banquillo.

Para hacer algo bien, además de tener talento, se necesita una cierta dosis de valentía. Esto sirve para el fútbol, la cocina, la cirugía o el periodismo. De lo contrario, no vale la pena. Guardiola sabía que sólo así se puede aspirar a tocar el cielo con los dedos.

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