Almas populares

Se puede ser infiel a la verdad por ignorancia o por táctica, pero hay una actitud peor que estas y consiste en creerse la falsedad que uno mismo formula. Pensaba en ello al leer la entrevista a Alicia Sánchez-Camacho que publicaba el sábado este diario. En ella, la reelegida presidenta de los populares catalanes decía algo que sorprende a cualquiera que conozca la historia de la derecha española y catalana desde 1975: «Este congreso dejará atrás las etapas en las que el PP o hacía el giro catalanista o el giro españolista. Hablamos de refundación porque vamos a consolidar las dos almas del PP y consolidar nuestra defensa de los intereses catalanes con la defensa de una España plural del siglo XXI». Vayamos por partes. Todo el mundo hace propaganda, pero no es saludable exagerar.

Primero. Nunca, ni en tiempo de Fraga ni hoy con Rajoy, la formación de la derecha de obediencia española en Catalunya ha tenido dos almas. Nunca. Sólo ha tenido el alma españolista, y eso forma parte de su ADN, de su razón de ser y de su negocio electoral, un camino legítimo, obviamente. Porque -como las urnas demuestran- también hay catalanes que se ubican en la derecha y que, a la vez, sienten España como su nación. Para el PP, como para AP anteriormente, la nación catalana no existe, aunque se acepte sin problemas la existencia de la autonomía para Catalunya como se acepta la de Murcia, ni más ni menos. Esto no cambió ni durante el liderazgo de Piqué, la figura con más pedigrí catalanista al frente de la sucursal. En el apartado de almas, el PP tiene una gran suerte en comparación con otros, como el PSC: no debe hacer síntesis alguna ni necesita equilibrios. No hay dudas.

Segundo. Defender los intereses catalanes es lo que, en teoría, hacen todos los partidos que operan en Catalunya. Pero, como siempre hay que repetir, son las acciones las que acreditan los discursos y no al revés. El Gobierno Rajoy recupera competencias autonómicas bajo el eufemismo de la «racionalización» -el control de las cuencas hidrográficas es un caso reciente- a la vez que se desentiende de los compromisos económicos que se derivan del Estatut. Como lo importante es que la asfixia financiera del Govern no acabe en defunción, Guindos ha prometido el acceso de la Generalitat a crédito más barato. Mientras, la delegada del Gobierno central se dedica a contar banderas de los ayuntamientos en vez de ocuparse de las infraestructuras ferroviarias, una manera curiosa de defender los intereses de la gente.

El PP catalán tiene claro su mercado. Quiere ser el gran partido de los que consideran Catalunya una región más del Estado, incluidos aquellos votantes del PSC poco o nada interesados en elucubraciones federalistas. Es fácil: sólo hay que mirar hacia Valencia para saber el producto que se nos vende.

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