Tópico desmentido

El caso alucinante de Bankia desmiente, en parte, un gran tópico de nuestra época. Gracias, pues, a las élites, tan sabias y ejemplares, que nos han conducido hasta este gran espectáculo para ayudarnos a ver más claro. Gracias por mostrarnos la función con tanta profusión de detalles.

El tópico central de este momento sostiene que la política está absolutamente arrodillada ante la economía y más concretamente los mercados, que algunos presentan como si fueran entidades malévolas con filias y fobias que determinan conspirativamente la suerte de los gobiernos. Los políticos -añadimos- semejan juguetes en manos de las fuerzas financieras, pobres almas extraviadas en un mar de confusión, compromisos irrealizables, promesas olvidadas y presiones ineludibles. He aquí que el drama de Bankia nos enseña justamente todo el contrario: algunos de los problemas que ahora nos afectan más duramente provienen del imperio de la (mala) política sobre la economía. Es clarísimo.

Las entidades principales que dieron lugar a Bankia -Caja Madrid y Bancaja- no se pueden entender al margen de la política y -seamos más precisos- de la política partidista hecha desde las instituciones públicas. El papel al que aspiraba Caja Madrid no era independiente de las estrategias para alcanzar un nuevo reparto de poder en la España de la segunda transición, la que convirtió la capital del Reino en lo que no había podido ser antes. Aznar, en sus dos legislaturas, reconfiguró las relaciones de fuerza entre centro y periferia, para articular el espacio de la derecha de acuerdo con los intereses regionales emergentes, sobre todo los de unas clases urbanas que se sentían poco representadas por el discurso socialista. Valencia -aquí hay que leer Bancaja- se convirtió en el gran escaparate de este proyecto, que seducía a mucha gente porque prometía un trozo del gran pastel. Recuerden el lema, por favor: «España va bien».

¿Qué herramienta debía ser Caja Madrid y después Bankia? ¿Cuál es la profesión del señor Rato? ¿Por qué se ha dejado que Bankia llegara a esta situación? ¿Cuál es la responsabilidad de los políticos cuando se disfrazan de gestores privados? ¿Cómo hay que denominar a la suma de incompetencia, inconsciencia y burbuja? ¿Por qué el Banco de España lo ha permitido?

Los banqueros profesionales son pragmáticos y se entienden con quien gobierna; esta actitud puede inquietar a quien necesite hegemonías políticas que, más allá y más acá de las urnas, consoliden la sustitución de unas élites por otras. Hay quien ha tenido prisa y ha querido tenerlo todo en fila: partidos, bancos, medios. No es precisamente un talante muy liberal. Un amigo mío subraya la contradicción irónica de este cuadro irritante: los que ayer privatizaron empresas -para darlas a sus amigos- hoy deben nacionalizar bancos. Gran viaje.

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