Territorio desconocido

En la entrevista que Josep Cuní le hizo en su programa en 8tv recientemente, Artur Mas no escondió que su apuesta por conseguir un nuevo pacto fiscal podría desembocar, según como vayan las cosas, en un «territorio desconocido». Que esta expresión salga de la boca de un gobernante que demuestra un alto sentido de la responsabilidad invita a pensar en dos cosas: la dificultad del desafío y la rara sinceridad de alguien que admite que tiene pensadas dos o tres jugadas, pero no todas. ¿Queremos políticos que simulen tenerlo todo muy controlado o políticos que nos traten como adultos?

Pasado mañana está prevista una cumbre sobre el pacto fiscal con Mas y todos los líderes de los grupos con representación en la Cámara catalana. Combinar la propuesta del Govern con los intereses y prioridades de socialistas, populares y republicanos no es fácil. La negociación del Estatut durante el mandato de Maragall, que en el Parlament se cerró con brindis y abrazos pero que después se embrolló en Madrid, es el ejemplo que nadie quiere imitar en esta ocasión. Parece que ahora hemos aprendido algo y ya no hay margen para hacernos trampas al solitario, una especialidad de la tribu, que fatiga tanto como decepciona. Lo que haga Sánchez-Camacho es clave para saber si en el Gobierno central quieren llegar a algún compromiso que Mas no tenga más remedio que considerar, aunque no incluya un verdadero cambio de modelo ni el disponer de la llave de la caja. ERC estirará desde el lado opuesto y el PSC deberá encontrar la manera más inteligente de formar parte de algún consenso que le permita recuperar su influencia.

Lo que nos aboca a un territorio desconocido es una circunstancia que rompe con la táctica pujoliana del peix al cove: aunque Rajoy quisiera negociar finalmente la cuestión, Mas no podrá dar por buena cualquier cosa, porque ha insistido demasiado en que ahora se trata de mejorar el fuero y no el huevo, por decirlo castizamente. Por otra parte, y tal y como están las cosas, el Gobierno central quizás tampoco pueda ni quiera ofrecer mucho peix para contener la demanda catalana con una salida que paliara la debilidad financiera de la administración autonómica, y no hay que olvidar que cualquier hipótesis que circule será vigilada estrechamente por el resto de autonomías, especialmente por Andalucía (socialistas) y Madrid (populares alejados de Rajoy). ¿Quién gana y quién pierde en ello?

¿Elecciones anticipadas? ¿Hacienda propia? ¿Consulta sobre el pacto fiscal? El territorio desconocido de Mas inquieta a la mayor parte de las élites económicas mientras gana partidarios entre las clases medias integradas por asalariados, profesionales y empresarios pequeños y medianos, la Catalunya doblemente castigada. Por la crisis y por una casta que se reparte el botín a plena luz del día. ¿A quién hará más caso Mas?

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