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Francesc-Marc Álvaro | D’ERC a la CUP
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18 nov 2012 D’ERC a la CUP

Tal vez es un poco mayor para votar a la CUP-Alternativa d’Esquerres, porque se trata de un partido -¡perdón, un movimiento!- donde predominan los que apenas han cumplido los treinta. Cerca ya de los cuarenta años, ella se ha sentido muy decepcionada por la política en general y, sobre todo, por las siglas que ha votado hasta ahora, ERC. ¿Donde está aquella Esquerra de «les mans netes» que propugnaban Carod-Rovira y Puigcercós hace unos años con tanta energía?

Hoy por hoy, le parece que las manos limpias las enseña la CUP, que ya está presente en varios ayuntamientos, donde a menudo ha desplazado a los concejales republicanos. Es gente joven, es cierto, pero sería conservador, incluso reaccionario, dudar de su solvencia por razones de edad. Ella, como mujer, sufre cada día la discriminación de género y no quiere caer en un error similar.

La CUP es independentista, de izquierdas, municipalista y no quiere saber nada de los partidos y los sindicatos de toda la vida. Estos principios le van bien, aunque considera que «cuando hablan de Països Catalans no queda claro qué harán los valencianos y los mallorquines el día que nosotros tengamos un Estado». Tampoco acaba de entender qué tipo de socialismo es el que la CUP propugna, porque socialistas hay de muchos tipos. De todas formas, votará decidida la CUP «porque son auténticos y he visto que, en la ciudad, hacen un papel de oposición seria, que convenía». Piensa que aportarán mucho a un Parlament que califica de endogámico y alejado de la calle. También cree que es una gran idea que sus diputados tengan un mandato limitado a una legislatura, la política no puede ser una profesión eterna.

Hay consignas de esta opción que le recuerdan algunos discursos de los indignados, como lo que afirman sobre bancos, hipotecas, sistema electoral y el resto de políticos. Dicen cosas que van a contracorriente y las comparte, pero debe ser sincera: cuando estuvo en alguna asamblea del 15-M, nadie mencionaba la independencia de Catalunya, ni el expolio fiscal, ni la defensa del catalán. La mayoría de los debates de los indignados eran en castellano y tenían como referencia única España y el mundo.

Dicho esto, sostiene que es positivo «que estos jóvenes quieran vincular el deseo de libertad nacional con las injusticias y desigualdades de un sistema que no funciona y nos está haciendo más pobres». Recuerda que ERC también hablaba de la necesidad de una izquierda nacional que sustituiría a los socialistas en el área metropolitana. Ahora, ahí crece el PP.

La CUP propugna la revuelta contra el capitalismo financiero y los poderes fácticos. Su hermano mayor, que militó en el PSAN y fue concejal del PSC, le dice que este credo es tanto o más rancio que las recetas de los partidos clásicos. Ella lo niega. Porque vuelve a sentir ilusión.

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