Huérfanos de izquierdas

En cualquier democracia europea que funcione, la socialdemocracia tiene un partido importante y capaz de articular una alternativa de gobierno. Hoy, en Catalunya, eso es imposible por dos motivos. Primero: el PSC ha entrado en un proceso muy acusado de caída electoral acompañado de una creciente pérdida de influencia social. Segundo: ERC, que hace un discurso socialdemócrata además de independentista, no parece tener como prioridad buscar una alianza o acuerdo con los socialistas desengañados. La conclusión es que el centroizquierda catalán tiende al minifundismo, fenómeno que se hace más patente con la presentación del partido Nova Esquerra Catalana, impulsado por Ernest Maragall y otros exdirigentes del PSC.

La política que rehúye el testimonialismo y pretende representar grandes mayorías se basa en la suma. En el centroderecha, el mapa catalán de partidos está claro: CiU trabaja el espacio soberanista y el PP el espacio españolista, y la distancia electoral entre ambas opciones es grande. En cambio, en el centroizquierda, todo es más complicado: ERC labra el campo soberanista mientras el PSC ofrece una oferta que cuesta entender y no satisface a nadie, a la vez que ambas formaciones tienen, ahora, un peso electoral casi equivalente; además, republicanos y socialistas compiten con una ICV que, a pesar de situarse más allá de la socialdemocracia, intenta pescar entre los electorados de las dos siglas.

Algunas sumas que sirvieron para navegar la transición ya no funcionan. Eso es evidente en el caso de la relación entre el PSC y el PSOE, por mucho que Navarro se esfuerce por definir una posición propia que sea escuchada (de mala gana) en Ferraz y que no le haga parecer un marciano en el Parlament. En casa, el primer secretario del PSC decide blindarse en el liderazgo sin ninguna concesión a los críticos, lo cual representa todo lo contrario del principio de suma de sensibilidades que da fortaleza y penetración a cualquier organización. Las unanimidades impuestas llevaron a Montilla al descalabro, y Navarro persiste en el error, castigando a quien no le ha mostrado total adhesión.

Para el país, la grave avería del PSC es una mala noticia. Deja huérfanos a muchos ciudadanos, que querrían una recomposición del espacio socialdemócrata con una combinación esmerada y eficaz de apertura, credibilidad, cultura de gobierno, soberanismo, espíritu de regeneración y caras nuevas. Ahora no hay ningún partido de izquierda (o de derecha) en Catalunya que reúna todos estos elementos. Desde el punto de vista de la gobernabilidad y de los retos colectivos que se anuncian, esta ausencia nos frena y limita el campo de los grandes consensos que deberán fabricarse durante esta legislatura. Cuando se pasa de la poesía a la prosa, ninguna pata de la mesa debe bailar más de la cuenta.

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