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Francesc-Marc Álvaro | Dependrà de Rajoy
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03 nov 2014 Dependrà de Rajoy

Hay equivocaciones y hay maneras de ser. Hace una semana y en estas páginas ya escribimos que Rajoy no tenía otra opción que impugnar el nuevo 9-N para sobrevivir. Él y su partido son prisioneros de los discursos recentralizadores que presentan Catalunya como una anomalía a disolver. No se equivocan, eligen lo que consideran mal menor, a partir de previsiones -quizás obsoletas- sobre cómo es la sociedad catalana. El guión es previsible porque el Madrid oficial tiene un objetivo claro: impedir cualquier paso que concrete la existencia y proyección de una nación política que quiere salir de España. Las manifestaciones multitudinarias en la calle de cada Onze de Setembre constituyen lo máximo que la democracia española está dispuesta a tolerar; más allá aparece siempre el TC.

Los poderes del Estado desarrollan la batalla contra el soberanismo con tres estrategias que, en vez de ser complementarias, son contradictorias y ponen al descubierto el flaco talante democrático de PP y PSOE. Tenemos, en primer lugar, la estrategia legalista, que pretende reducir el conflicto político a un simple asunto de lectura incorrecta de la Constitución. En segundo lugar, la estrategia de la desfiguración propagandística del movimiento soberanista, que es tan torpe y falaz que desprestigia a quien la hace. Y, en tercer lugar, la estrategia de la guerra sucia contra partidos y dirigentes soberanistas, aprovechando casos reales o inventando delitos, como ha pasado con las noticias falsas que El Mundo ha difundido últimamente sobre cuentas bancarias en Suiza del alcalde Trias, o como pasó durante la campaña electoral del 2012 con un informe supuestamente policial lleno de mentiras sobre Mas. Ninguna de las tres estrategias ha conseguido frenar el soberanismo, al contrario. En este sentido, resulta extraordinario comprobar que el ministro del Interior es uno de los fabricantes más finos y eficaces de partidarios de la independencia.

Dado por hecho que el TC suspenderá el 9-N, el próximo domingo todo se jugará en el terreno de las imágenes y las percepciones. Los abogados del Estado añoran el siglo XIX mientras el soberanismo catalán es un proyecto del siglo XXI. Esta distancia da ventaja a la nueva revuelta de los catalanes; la historia nunca se repite. El Govern Mas y los partidos del derecho a decidir han convertido una encuesta voluntaria a gran escala en una jornada de afirmación política que será observada por todo el mundo. No hay marcha atrás. Por mucho que esta semana se multipliquen las amenazas. La foto de las colas de personas que quieren votar será portada por doquier. De Rajoy dependerá la aplicación de la fuerza contra ciudadanos pacíficos, de Rajoy dependerá que las fotos del 9-N sean las de la derrota del inmovilismo o las del mayor descrédito de un Gobierno pretendidamente democrático en Europa occidental.

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