Catalunya hace click

Nunca fue acertada la metáfora del choque de trenes y ayer quedó claro. No se trataba de chocar sino de desconectar de un Estado que actúa contra una sociedad que se reconoce como nación. El 9 de noviembre de 2014 la nación catalana ha empezado a desconectar efectivamente del Estado español y este proceso parece imparable. La desconexión mental se ha transformado en un gesto colectivo de indudable valor político. La magnífica participación registrada habla de un país que ha perdido el miedo. El mundo que nos mira lo ha entendido. Ayer, Catalunya hizo click. Una parte central y moderada de la sociedad acompañada del Govern desobedeció pacíficamente el dictado y las amenazas del Gobierno. La Moncloa ha perdido este combate, pero intentará ganar la guerra, como sea.

La desconexión de Catalunya es un hecho, pero no será un camino tan fácil ni tan rápido como muchos querrían. Tampoco durará siglos como otros pronostican. Los historiadores analizarán la actual revuelta catalana como un caso insólito: miles de personas que aceptaban la autonomía abrazaron el proyecto independentista en menos de cuatro años, con la ayuda involuntaria –hay que subrayarlo- del Madrid oficial, empezando por el TC. Catalunya inventa, a la fuerza, un nuevo camino de acceso a la independencia: ni lucha armada ni pacto institucional, democracia desde abajo, con alianza especial entre ciudadanía y representantes políticos. Rajoy habría podido imitar a Cameron pero despreció la determinación de la gente y la de Mas. Finalmente, cada uno ha estado en su lugar, empezando por unos voluntarios ejemplares.

Ayer hicimos click. La independencia será hacer click-clack. A partir de ahora, lo que la mayoría espera de los políticos que han votado sí-sí es que trabajen con unidad, inteligencia y grandeza para llegar hasta el final.

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