Con tiralíneas

Impecablemente cartesiano y explicando cada parte de su propuesta con una mezcla muy especial de realismo, convencimiento, razonamiento y emoción, Mas viene a decir que el proceso de desconexión que ha empezado Catalunya del marco español puede conducir "al país que queremos" siempre y cuando se hagan las cosas bien, ahora que vemos la recta final. Ayer, el president cogió el tiralíneas y dibujó la manera de intentar saltar la pared con más garantías de éxito. Y, para evitar malentendidos e interpretaciones sesgadas, proclamó que no hay trampa partidista ni cartón oportunista: él no volverá a presentarse como candidato a la presidencia una vez el clic-clac sea irreversible; ya lo había dicho en otoño del 2012, en el discurso que pronunció en el Parlament para convocar elecciones después de la multitudinaria manifestación de la Diada, cuando la historia se aceleró.

Macià se viste de Prat de la Riba y el que fue presidente de la Mancomunitat asume el sueño del coronel que cambió de bando. Un político que quería hacer carrera de burócrata ha puesto negro sobre blanco la ilusión de la gente, la fuerza que viene de abajo, personas que reclaman un reparto del poder más justo al que denominan independencia. Para calmar ansiedades, Mas añadió que él, si hace falta, puede cerrar la candidatura del soberanismo unido en vez de hacer de cabeza de lista. Es una apuesta valiente, difícil de rehusar. A cara o cruz, como la decisión de dar cobertura oficial al 9-N asumiendo todas las consecuencias.

¿Qué importa el futuro de CDC, el de Unió o el de ERC? Nada y mucho, porque ahora entramos en una página que se debe escribir mientras creamos entre todos un alfabeto. Los partidos volverán a tener voz cuando toque construir la nueva República. Mas ha conseguido descolocar a todo el mundo y ha advertido que el partidismo autonomista (con sus desconfianzas y recelos de vuelo gallináceo) es el principal error y el peligro más evidente para hacer realidad lo que ha movilizado la parte central de la sociedad. Mas no quiere salvar a CiU, Mas quiere desmentir el pronóstico del Madrid oficial según el cual los catalanes seremos víctimas de nosotros mismos, una vez más.

El método es importante. El president sólo utilizará la herramienta de las plebiscitarias si las fuerzas del soberanismo acuerdan un planteamiento que asegure un resultado "nítido, claro y comprensible", que no sea discutible ni dentro ni fuera. En caso contrario, perderemos una ocasión histórica. Han pasado siete años desde que Mas dio una conferencia para explicar que asumía el derecho a decidir. El vértigo. Catalunya está inventando una manera nueva de llegar a la mayoría de edad de las naciones.

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