Corregir la jugada

El escritor Melcior Comes hizo un tuit el viernes que resume muy bien el momento: «Se está forjando un gran pacto de Estado contra Catalunya y aquí nosotros sin Govern». Más allá de las consideraciones sobre la geometría delicada entre Rajoy, Rivera y Sánchez, nadie se puede sorprender de que estos personajes estructuren un Junts pel No, en afortunada expresión de El Punt Avui. El aspecto que a mí me preocupa es otro: aquí todavía tenemos un Govern en funciones y no sabemos -hoy por hoy- si estamos ante una legislatura corta o una legislatura no nata.

El día siguiente del 27-S, escribí que «la redistribución de fuerzas en el interior del bloque soberanista genera algunas incógnitas» y añadí que había que admitir «que el soberanismo podría complicarse a sí mismo el camino al dar más influencia y protagonismo a su variante anticapitalista y asamblearia». Las negociaciones entre Junts pel Sí y la CUP se plantearon mal desde el primer minuto y están pudriendo una victoria clara aunque ajustada. Investir presidente y formar el nuevo Govern son dos pasos que había que dar con celeridad, para no perder la iniciativa política y no parecer prisioneros de la lógica del 20-D.

La resolución pactada por Junts pel Sí y la CUP para solemnizar el comienzo de la desconexión es un movimiento erróneo, por tres motivos. Primero: se hace antes de constituir el Ejecutivo que debe pilotar esta etapa. Segundo: se hace sin que sirva para asegurar la investidura de Mas, lo cual es de una ingenuidad colosal por parte de los convergentes. Tercero: se hace sin que su contenido exprese el conocimiento de Carles Viver Pi-Sunyer, el hombre que tiene en la cabeza todo el engranaje jurídico de la desconexión. El problema de la resolución es doble: el momento en que se presenta y un lenguaje alejado del soberanismo central.

Junts pel Sí ha dejado que la CUP marque el ritmo de este comienzo. A la vez, CDC y ERC han decidido presentarse por separado a las elecciones españolas. Estos dos hechos debilitan los resultados del 27-S y envían mensajes muy desconcertantes a los votantes que confiaron en Romeva, Junqueras y Mas porque prometieron «hacerlo y hacerlo bien». Dejar la investidura y la continuidad del proceso en manos de una «asamblea abierta» de la CUP -aporte la decisión que aporte- será un error que se pagará caro. Hay que hacer política antes de que te la hagan desde los márgenes. Hace falta que alguien sea tan inteligente como valiente, y que los puros dejen el volante. Desgraciadamente, no creo que los convergentes quieran corregir ahora la jugada, desean llegar a la sesión de investidura.

Todo pasa por el mal menor: o un proceso marcado por las exigencias y las extravagancias de los minoritarios, o devolver la pelota a una ciudadanía que -cuando tocaba­- no reforzó lo bastante el independentismo tranquilo. Y asumir el riesgo.

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