Los que quieren JxSí

La coalición Junts pel Sí es un invento más querido por sus votantes que por sus promotores y padres. La última encuesta del CEO así lo acredita: si ahora se celebrasen elecciones catalanas, Junts pel Sí obtendría los mismos votos que el 27-S y sería, otra vez, la formación ganadora, con un 31,5%. Se trata de un votante muy fiel, un dato que indica que el público soberanista –a pesar de las turbulencias y el paso al lado de Mas– confía en aquellos que han planteado un cambio histórico.

Los ciudadanos favorables a la independencia piensan que sumar fuerzas es necesario todavía, lo cual contrasta con el criterio de muchos dirigentes, especialmente el de Junqueras y su entorno; los republicanos aceptaron Junts pel Sí de mala gana y siempre han dicho –incluso en público– que no se volverá a reeditar. El votante acostumbra a tener una percepción diferente de la de los militantes y cuadros. Hace poco, la responsable de política sanitaria del PDECat criticó al conseller Comín, de ERC, lo cual no deja de ser noticia, dado que unos y otros cohabitan dentro del grupo parlamentario de Junts pel Sí y del Govern. Esta reyerta –como otras discrepancias– tiene una importancia relativa para la mayoría de electores independentistas, que ven en esta coalición la manera más práctica de asegurar la unidad de acción para alcanzar unos determinados objetivos.

El mismo sondeo del CEO indica que el president Puigdemont es el líder mejor valorado y que C’s perdería el segundo lugar en la Cámara catalana en beneficio de los comunes, el competidor que más preocupa a todos los partidos independentistas. La foto que tenemos es muy evidente: Junts pel Sí con Puigdemont al frente es una fórmula que conectaría perfectamente con las bases soberanistas y es una opción capaz de plantar cara a la emergencia de un partido liderado por Colau. El problema es que Junts pel Sí –paradójicamente– forma parte más del pasado que del futuro. El gran partido del independentismo es sólo un embrión: tiene en contra las expectativas de crecimiento de ERC y la complicada refundación de los convergentes. Ahora bien, también tiene dos elementos a favor: el liderazgo de Puigdemont (percibido como menos convergente que Mas) y la presión judicial punitiva de Madrid, que invita a preservar al máximo la unidad del bloque pro-independencia. En este contexto, el CEO da otro dato que retener: se detecta fuga de votantes de la CUP hacia Junts pel Sí.

La ofensiva judicial del Gobierno español exige visión de Estado en los dirigentes del independentismo. Mientras juzgan a un expresident y tres consellers, mientras investigan a la presidenta del Parlament y mientras la fiscalía acusa de sedición a algunos concejales, resulta extraño que la vieja lógica autonómica de rivalidad convergentes-republicanos pese tanto. ¿Nadie se da cuenta de que es una grave irresponsabilidad?

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