Es sexo, no amor

Sólo hay una actitud más sorprendente (por utilizar un adjetivo que no me lleve a Fiscalía) que la de los catalanes (independentistas o no) que se lamentan porque los nacionalistas del PNV han arrancado un trato sensacional a Rajoy aprovechando que el Gobierno del PP necesita sus votos como el sediento el agua. Me refiero a la actitud de los vigilantes de la supuesta ortodoxia constitucional que gesticulan y se escandalizan porque dicen que ahora el modelo del concierto se ha pervertido: me recuerdan a aquella burguesía que aceptaba con normalidad las relaciones sexuales del cónyuge fuera del matrimonio siempre y cuando eso fuera algo discreto y civilizado. El problema de los guardianes de la sagrada unidad que nos dan lecciones de moderación es que no pueden soportar la visión descarnada de Rajoy pillado con su amante vasca a plena luz del día y en calzoncillos. No se puede decir lo de los chistes: “No es lo que parece”.

El PNV hace lo que ha hecho desde la transición, sólo hay una diferencia: ahora es bajo los focos. Y eso pone al descubierto dos realidades contundentes. Primera: el trato especial de vascos y navarros no es ningún problema para la opinión pública española, a diferencia de lo que ocurre cuando se habla de dinero, inversiones y competencias para los catalanes; sólo una minoría quiere desmontar este modelo, antes era UPyD, ahora es C’s, pero Rivera ha tenido que tragarse con patatas sus principios votando con los continuadores de Sabino Arana. Segunda: ser vasco es la mejor manera de ser español, no tiene discusión. En el concierto hay unanimidad total: desde la izquierda abertzale a los populares.

Ahora salen los que recuerdan que CiU, durante años en Madrid, hizo como el PNV. No exactamente, seamos serios y tengamos memoria. El “peix al cove” pujoliano (gestionado por Roca y otros) conseguía recursos y competencias para la Generalitat a cambio de apoyo parlamentario (el pacto del Majestic puso de relieve los límites de esta mecánica) pero partía de un marco que no tenía ni tiene nada que ver con el de Euskadi y Navarra. Como me recuerda un experto conocedor de la tecnoestructura de Madrid, “mientras los negociadores vascos juegan siempre con toda la información en la mano, los catalanes van vendidos porque el negociador central tiene los datos reales y los administra como le conviene”. ¿Por qué creen que la polémica sobre las balanzas fiscales es una batalla tan dura? Por cierto, si Catalunya fuera independiente, el concierto de vascos y navarros probablemente tendría un futuro complicado.

Siempre es sexo, no amor. Ahora es noticia porque el acto ha sido indiscreto y a un precio altísimo. Con CiU también era sexo (más barato), pero había quien, a veces, quería revestirlo con algo de romanticismo, unas gotas de Joan Maragall, de Verdaguer y de Pla. Esa comedia nunca fue creíble, es evidente.

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