Dioptrías y utopías

Hace cincuenta años que Pau Riba publicó el disco Dioptria, un hito de la música en Catalunya y de la cultura catalana en general. Ermengol Passola, el propietario del sello Concèntric, apostó por la creatividad de un grupo de jóvenes que rompían los límites ideológicos y estéticos, en el momento en que todo hervía. En una entrevista en El Punt Avui, Pau Riba dice esto cuando el periodista Guillem Vidal le pregunta “qué había en aquella época de desenfocado”, visto el título del álbum: “Todo. El organigrama general que se nos presentaba a los jóvenes era una absurdidad. ‘No puedes hacerte pajas, no puedes follar, después tienes que hacer el servicio militar, cuando lo acabas tienes que buscarte un trabajo, entonces ya puedes empezar a buscar una pareja y, cuando ya la tienes, sin experiencias previas, fundar una familia’. Era para ­decir: tranquilo, tranquilo... Volvemos a empezar el organigrama y ver si montamos todo esto más racionalmente y de una manera un poco más tranquila”. Los sabios levantaron acta de que los jóvenes, en los sesenta, se habían convertido en una nueva clase social. Vacunas y buenos alimentos, dejar de vestir como los padres, buscar el sentido de la vida, no sufrir por tener un trabajo. Abrir las ventanas. Sin esta ruptura mental, no seríamos como somos.

No sé si hoy los jóvenes siguen siendo una clase social. Diría que no, ahora hay tantas maneras de ser joven como maneras de ser adulto, microidentidades en abundancia, una mutación incesante, cada individuo puede ser una tribu urbana irrepetible, el mito de la pieza única llevado a la propia vida. Pero cuidado con las comparaciones. Si somos justos, hay que decir que entonces, en los sesenta y los setenta, había jóvenes como Riba y también muchos jóvenes que no tenían nada que ver con la contracultura; una inmensa mayoría vivía dentro del marco y no lo cuestionaba. Lo importante es que la minoría que impugnó el estilo de vida de los padres consiguió que sus valores de contestación acabaran desplazando, redefiniendo o reorientando los valores tradicionales, y que eso cuajara en una nueva mentalidad mainstream, de unas nuevas clases medias con mayor nivel de renta y la creencia de que el progreso era una fiesta con barra libre que no cerraría nunca.

“Me mantengo fiel a la utopía hippy, todo aquello sigue siendo válido”, afirma Riba. Algunos piensan como él, otros fueron yuppies, muchos lo guardan en el baúl de los recuerdos. Dioptria es el disco de una época de bienestar que tenía nostalgia de un mundo que nunca existió y, por eso, proponía una nueva relación con la realidad, más allá de dioses y dólares. Como si fuera posible el paraíso. Esa utopía triunfó, pero lo hizo de una manera que ni el artista ni los sabios habían previsto: fue absorbida por el mercado, que se adapta sin problemas a todos nuestros sueños.

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